Acceso a las fotografías
¿Cómo llegan las fotografías a ser vistas en nuestros días?. La recepción fotográfica es inversamente proporcional al número de sus productores. Esta es la regla primera que rige el acceso a la producción fotográfica.
Hay tres grupos básicos de productores fotográficos: los profesionales, los aficionados y el resto (las inmensa masa de personas que ponen un dedo en sus móviles). El primer grupo, el de quienes venden su producción, es obviamente el más pequeño pero el que genera más impacto visual social (suyos son los Medios de Formación de Masas de Individuos Personales, periódicos, revistas, televisiones, soportes publicitarios, libros, catálogos, salas de exposiciones, museos, etc, tanto tradicionales como electrónicos), entendido este en el sentido de que una foto producida sea vista por un mayor número de personas. El segundo grupo, el de los aficionados, numéricamente mayor que el de los profesionales (en cualquier ciudad de lo que se llama el mundo desarrollado hay más aficionados que profesionales) pero sus producciones llegan a un número mucho menor de personas. Los medios habituales de este grupo son la presentación a otros aficionados en el seno de los grupos, clubes o asociaciones fotográficas, las exposiciones físicas tradicionales, las proyecciones públicas de fotos, los espacios electrónicos (redes sociales, páginas web, etc.). El tercer grupo, el más abrumadoramente numeroso, es el que aún teniendo cuantitativamente en bloque el mayor número de fotografías realizadas tiene cada una de ellas el menor número de visionados, en muchos casos ni siquiera llegan a ser vistas por lo propios productores después de almacenadas en sus teléfonos móviles, pues su distribución no va más allá de los círculos personales en formato electrónico fundamentalmente, ya que como es bien sabido la impresión física de fotografías ha quedado reducida a lo meramente testimonial dentro de este grupo.
¿Cuales son los soportes actuales de las fotografías?. Tradicionalmente las fotografías se imprimían, bien por procesos químicos, como la misma toma de las imágenes, bien por procesos mixtos en los que se combina la química, tanto de las tintas como de los papeles de impresión, con la electrónica de las propias impresoras. Pero actualmente los soportes dominantes han pasado a ser los electrónicos, las pantallas de diverso tipo (televisores, tabletas, ordenadores y, sobre todo, las de los teléfonos móviles). Raro es hoy el periódico o la revista que no tenga una versión digital, si es que aún tiene una que no lo sea, como raro es que las imágenes fotográficas en general lleguen al público por medios que no sean pantallas, y esto se aplica desde los folletos comerciales a las vallas publicitarias y hasta a las fotos familiares que antes se exhibían, cuando no se guardaban en un caja de zapatos, en álbumes en papel o en marcos sustitutos de los viejos cuadros y hoy se ven directamente en los móviles que las han captado o recibido o a lo sumo en algún marco digital.
La muy mencionada aceleración que impone el sistema capitalista, el único que hay, dicho sea de paso, y que opera como ya se he dicho en la fotografía, hace inviable que la ingente cantidad de fotos que se toman puedan ser vistas por las masas de individuos que las captan de otra forma que no sea el propio aparato de captación/reproducción, el ubicuo teléfono móvil.