Fotografía y tecnología
Desde la aparición misma de la fotografía las modificaciones tecnológicas, en íntima y obvia relación con el dinero, han ido modificando cuanto con ella se relaciona. Los cuatro elementos esenciales del campo fotográfico, la captación de las imágenes, su procesamiento, distribución y visionado, han ido sufriendo modificaciones tecnológicas que han llevado supuesto cambios importantes en el papel social de la fotografía.
En origen la tecnología rudimentaria empleada implicaba altos costes, conocimientos especializados, cierto peligro en el procesamiento y tiempos largos de captación, procesamiento y distribución, con lo que la producción y consumo fotográfico estaba reservado a sectores sociales reducidos. Muy pronto la tecnología permitió el abaratamiento, la simplificación de los conocimientos mínimos para la producción fotográfica, primero en la fase de captación de las imágenes y más tarde en el procesamiento, la eliminación del peligro derivado de los materiales empleados, y el acortamiento de los tiempos de todas las fases con la consiguiente ampliación tanto de los practicantes como de los consumidores de fotografías.
La fotografía nace y se desarrolla al tiempo que el capitalismo, en su fase industrial (la primera foto se suele datar hacia 1826 y la locomotora de vapor en 1829), por ello las características esenciales de ambos son necesariamente comunes. Y las dos más importantes de ambos son la extensión y la aceleración. El ideal, imposible por definición de realizarse del todo, pues para eso es ideal, como meta siempre inalcanzable pues cuando parece que se va a llegar ya se ha movido más allá por ese aliento mismo del más, es convertir a todos los humanos en productores y consumidores de mercancías/fotografías (extensión) y en hacer instantáneo y perecedero el consumo de las mercancías/fotografías (aceleración). A finales del siglo XIX pocas personas del conjunto de la población mundial podían tener no ya una cámara sino una mera foto, hoy es ya raro encontrar a un habitante del planeta que no tenga ambas y aumentando rápidamente la cantidad de ambas por habitante (recuérdense los datos aportado del consumo de móviles).
El teléfono móvil, o cámara con que se pueden captar, manipular, almacenar y transmitir transmitir voz, texto e imágenes, se ha convertido por tanto en el epítome del capitalismo actual al ser la tecnología que realiza más próxima, pero siempre inalcanzablemente, sus ideales. Es el objeto más ubicuo, la posesión suprema incluso de los más desposeídos (quien no ha visto a mendigos o migrantes escuálidos con su correspondiente móvil).
La tecnología de moda del momento, a este fin del primer cuarto del siglo XXI, la llamada Inteligencia Artificial, que encontramos por doquier, es el complemento apropiado, también ideal, y más ideal por incumplibles del todo sus promesas en estos momentos iniciales de su desarrollo, para seguir buscando el cumplimiento imposible de los ideales enunciados. Las dificultades técnicas que se experimentaban tanto en la captación de imágenes como en su procesamiento, y especialmente en los tiempos exigidos, reciben ahora la promesa de su resolución. Si la manipulación de la imagen fotográfica ha sido una constante desde el nacimiento mismo del invento, actualmente las posibilidades técnicas de los programas informáticos proporcionan, y muy especialmente desde la incorporación de la dicha Inteligencia Artificial, una capacidad de manipulación en consonancia con los criterios de aceleración y extensión capitalistas citados. Las fotos pueden manipularse píxel a píxel con mínimos conocimientos técnicos y en un tiempo igualmente mínimo. Y hemos llegado al punto incluso de la creación de imágenes sin cámara, a través de la mera conversión de las palabras en imágenes, que ya no deberían ser llamadas propiamente fotografías sino simplemente imágenes. Me atrevo a aventurar incluso que el proceso se orientará en breve a que las palabras sean directamente verbales y no escritas, pues la escritura está también en retroceso de uso debido a la tecnología que emplea el habla natural como procedimiento acorde con los reiterados criterios de aceleración y extensión. El final de la fotografía que habíamos venido usando parece que está a la vuelta de la esquina, obviamente quedarán los segmentos de mercado residuales de entusiastas nostálgicos, documentalistas y tal vez una parte de los fotógrafos de prensa o unos pocos fotógrafos BBC (bodas, bautizos y comuniones), pero el grueso del mercado fotográfico (publicidad, revistas, catálogos, etc) pasará al de la creación y transmisión de meras imágenes producidas por Inteligencia Artificial.
De la tecnología en el uso de las imágenes ya creadas nos ocuparemos en otro capítulo.