Fotografía y dinero
Aunque a primera vista pudiera no parecerlo la fotografía es un sector económico que mueve ingentes cantidades de dinero. Cuando apareció a finales del siglo XIX la fotografía era poco más que un pasatiempo caro pero artesanal al alcance solo de unos pocos que disponían del dinero, los conocimientos y la curiosidad por la novedad, por lo que el movimiento de dinero era marginal. A medida que la tecnología fotográfica fue desarrollándose no bien hubo empezado el siglo XX ya empezó a convertirse en un sector económico de cierta importancia. Tengamos en cuenta que como sector económico no solo hay que considerar la producción de equipos de captación de imágenes (cámaras, objetivos y accesorios), sino los de procesamiento de las imágenes (químicos, película fotográfica, productos químicos para el revelado, etc. en la época preanalógica e informáticos, ordenadores y programas informáticos, etc. en la digital) y los soportes de visualización (las impresiones en papel de los inicios o los digitales de la actualidad). Si tenemos en cuenta esos tres elementos: captación, procesamiento y soportes de visualización entonces el panorama se aclara bastante. El primer puesto en equipos de captación lo ocupa hoy el teléfono móvil, así que ya vemos que con más de 8.000 millones, a más de uno por habitante del planeta, estamos hablando de dinero en serio. Y la ingente producción de móviles que se van renovando en plazos cada vez más breves, y que nos incitan a comprar por los medios bien conocidos, pues el dinero exige ser movido a la mayor velocidad posible, requiere de equipos de tratamiento cada vez más potentes, con lo que los programas informáticos también acaban por su también cada vez mayor sofisticación requiriendo ordenadores más potentes cuya producción sigue las mismas leyes económicas. Para completar el panorama véase también como los soportes de visión, combinados en buena parte hoy con los de captación, pero también en los formatos más tradicionales, desde prensa a libros o materiales publicitarios impresos, y sobre todo los digitales (qué sería del comercio electrónico y sus mastodónticas empresas sin fotos de los productos ofertados) multiplican exponencialmente las cantidades de dinero en movimiento.
Es interesante señalar que el movimiento del dinero en el sector ha cambiado claramente en la última década de una manera acelerada. Las ventas de equipos fotográficos se orientan hacia los teléfonos móviles, mientras que los equipos tradicionales orientados ya casi exclusivamente al sector profesional y al de aficionados con alto poder adquisitivo se reducen cada vez más. Los equipos que se venden cada vez menos tienen que compensarse con precios cada vez mayores. Esto está conduciendo a una trivialización aún mayor de la fotografía. Cada vez más individuos haciendo más fotos y peores, para resumirlo de forma sencilla. Los fotógrafos profesionales, esto es, quienes ganan dinero haciendo fotos, y los profesionales de la fotografía, esto es, quienes ganan dinero haciendo cosas relacionadas con la fotografía (enseñanza, organización y gestión de exposiciones o museos, revelados o impresiones de fotos, etc.) son cada vez menos y trabajando en peores condiciones. La aparición de la llamada Inteligencia Artificial juega un papel cada vez más relevante en esta degradación.
El desarrollo de la industria fotográfica, como el de las otras muchas, se ha pasado del ‘poco a mucho para unos pocos’ al ‘mucho a poco para muchos’. De unos equipos básicos pero caros y que requerían conocimientos y dedicación al alcance de una exigua minoría se ha pasado a unos equipos sofisticados, baratos y al alcance de casi cualquiera, que hasta en las selvas o las sabanas sin acceso próximo a electricidad siquiera los teléfonos móviles con sus cámaras se encuentran sin dificultad.
Veamos ahora las principales implicaciones de esto en la producción y uso de las fotografías:
-la producción y venta masiva de cámaras a ingentes cantidades de individuos carentes de cualquier inclinación fotográfica y que simplemente, como se les ha vendido y tienen ahora una cámara, pues hacen fotos requiere de la simplificación, que ya la primera ola de venta masiva de cámaras que se anunciaban diciendo ‘usted apriete el botón y nosotros hacemos el resto’, de su funcionamiento. Simplificación compatible con la multitud de opciones que se ofrecen como argumento de venta, basado en el ansia de destacar, de ‘personalizarse, de ser alguien especial, único, del público comprador que simplemente manifiesta el orgullo del dinero que tiene cuando presume de que su nueva cámara tiene tropecientos megapíxeles, cosa que ignora siquiera si sirve para algo, y que por ello caerán el en desuso.
-los fotógrafos quedan divididos en dos grupos: de un lado la minúscula minoría de los ‘conscientes’, aficionados o profesionales, que conocen aceptablemente los mecanismos de sus equipos y son capaces de emplearlos a sabiendas para obtener las imágenes que pretenden, y de otro la inmensísima mayoría de los ‘infraconscientes’, de los que ignoran dichos mecanismos, aquellos que simplemente son meros ejecutores materiales de las fotografías que decidieron los constructores de las cámaras. Simplificando un poco, pero desengañándonos un mucho, se puede decir que las más de las fotos son por lo expuesto, productos directos simplemente del dinero que en ellas se ha invertido, dinero mismo a fin de cuentas.
-en cuanto al usuario de las fotografías, de los tipos y formas de acceso a las fotos trataré en otro lugar, cabe decir ahora que la sobreproducción de imágenes en general y de fotos en particular es tal que al ser la abrumadora mayoría banales o malas sin más, las que pudieran no ser así difícilmente llegan a ser vistas, miradas, contempladas, observadas, usadas de algún modo práctico, sensorial, que vaya más allá del mero flujo dinerario ya enunciado.